Ayuntamientos 2.0

Los Pozos de nieve: Neveras

En Clavijo, en la actualidad, se encuentran los restos de tres pozos de nieve ó “neveras”. Dos de ellas, emplazadas en el término de “La Planilla” y otra en el de “Pozas”. De ello informó don Prudencio Olmos Díez y don Antonio León Galilea (vecinos del lugar) según consta documentalmente en la obra Los pozos de nieve (neveras) de La Rioja, de los autores: A. González Blanco, Urbano Espinosa Ruiz, H. Pascual, Gabriel Moya Valgañón, José Manuel Ramírez, Luis Vicente Elías, José María Sáenz González, José Antonio Hernández Vera, P. Pascual Mayoral y F. Morena Arrastio, editada por la Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja el año 1980.

En las adjuntas fotografías se puede observar el estado actual de una de éstas “neveras” situada en el término de “San Pelayo”. Aunque hablamos de “restos”, es muy posible que su estado de conservación no sea tan malo, dado que durante años ha estado cubierta de maleza. La Asociación Socio-Cultural “Amigos de Clavijo” se ha puesto en contacto con el propietario de dicha finca donde se encuentra ubicada la “nevera”, para proceder a su limpieza y señalización, con el fin de que no se pierda uno de los elementos que forma parte de nuestro patrimonio histórico-cultural y de la arquitectura rural de la zona, que debe protegerse.

Las “neveras” gozaron de gran popularidad en los siglos XVII, XVIII y XIX, hasta el nacimiento de la industria frigorífica. Sin embargo, se conoce que los árabes ya comenzaron a construir pozos de nieve en el año 1100.

Por lo general se encuentran situados en zonas altas, a casi 1.000 metros, con el fin de garantizar la materia prima y su llenado de forma natural, así como la buena conservación de la nieve. Clavijo se encuentra a gran altura, por lo que cumplía todos los requisitos.

Los pozos se construían con bloques de piedra, por lo general, con unas dimensiones de entre 3 y 6 metros de ancho y de 3 a 10 metros de profundidad, aunque en la zona mediterránea los hay de mayor tamaño. En zonas de montaña parecían auténticas bodegas, pues disponían de unos pasillos subterráneos provistos de escaleras. Algunos pozos tenían peldaños de losas a lo largo de su circunferencia para permitir bajar a recoger la nieve.

Esta se introducía en grandes bolas, que se hacían caer en su interior, donde se prensaban hasta convertirlas casi en hielo, con el fin de que aguantase la nieve el mayor tiempo posible. Cada metro o metro y medio de nieve se cubría con paja, helechos, arbustos, etc., y una vez lleno el pozo se tapaba con restos vegetales para aislarlo.

Al llegar el verano, la nieve era transportada en pequeños bloques, utilizando caballerías, y se viajaba preferentemente de noche para evitar el calor del sol, para ser vendida en las tabernas, posadas, etc. También era utilizada la nieve para la conservación de los alimentos (carne y pescado), y para tratamientos medicinales por sus propiedades antipiréticas, antinflamatorias, antiálgicas y antihemorrágicas. Alonso de Burgos, en su obra Methodo curativo y uso de la nieve, en 1640, habla de la obligación que tienen los médicos de dar a los purgados agua de nieve.

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