Ayuntamientos 2.0

La Virgen de Tentudía

(Por Félix Cariñanos San Millán. Publicado en el diario "La Rioja" el 10 de noviembre de 1996)

    
En tiempos pasados existían varios ritos que iban marcando nuestra transición de la niñez a la juventud. Uno de ellos se realizaba el primer día en que te dejaban ir al campo montado tú solo en un caballo o ganado mayor. Otro tenía lugar al enviarte, también solo, por agua del Ebro ("El Ebro es un traidor", repetían insistentemente los mayores).

A mí me sobrevinieron ambos en la misma jornada y, al preguntar a mi progenitor de qué método se servía para poner el puchero a la misma hora, me respondió apuntando el dedo índice derecho hacia el cielo del sur:

  • Cuando el sol sobre Clavijo, las doce del día fijo.

Muchos soles me han visto visitar después esa localidad, clave de la expansión del mito jacobeo por toda España. Si el tiempo acompaña, casi siempre puede conversarse con mayores sentados en la placeta.

  • ¿La ermita de Santiago? Va a tener que pedir usted la llave para verla.
  • ¿Está allá la Virgen de Tentudía?
  • Arriba está, sí, señor, pero no va a poder ver todo.
  • ¿Por qué?
  • Porque, siendo nosotros unos críos, a últimos del año doce, forzaron la entrada y se llevaron bastantes cosas; lo más importante, el cuadro del altar mayor, dicen que de mérito.

Sí, de mucho mérito -sentencia otro anciano con aires de director de pinacoteca-. Como que era de ese famoso de Navarrete (Interpreto que alude a Navarrete el Mudo). Mire usted por dónde, los ladrones vendaron los ojos de la Virgen de Tentudía y la volvieron contra la pared.

La leyenda de esta imagen se remonta al siglo IX, a los tiempos de la no menos legendaria batalla de Clavijo. Esta es su versión más tradicional.

Era el rey asturiano Ramiro I un guerrero valiente, veterano en combates. No estaba menos curtido el emir cordobés Abderramán II. Aquel 22 de mayo del 844 el ejército cristiano había llevado las de perder. Sus tropas, presionadas por los moros, habían escalado las alturas del Monte Laturce y se alargaban hacia la hoya de Clavijo y el peñón del castillo. Enfrente, el emir había establecido una enorme media luna que abrazaba los altos desde Ribafrecha hasta la fortaleza. Llegada la mañana, comenzaría el asalto definitivo.

Aquella noche Ramiro no pudo dormir en varias horas hasta que se derrumbó rendido en su camastro. Y soñó, soñó como no había soñado desde niño. Veía al apóstol Santiago jineteando un corcel blanco y a su ejército avanzando tras él hacia las llanuras.

La falta de tiempo para convocar a su hijo Ordoño, su hermano García, al general Ossorio, los caballeros de Tejada y Valdeosera.

  • ¿Nada más amanecer hay que atacar?
  • ¿No sería mejor, padre, esperar unos días en el camero Viejo, descansar y volver a Clavijo?
  • He visto a Santiago Victorioso y a nosotros triunfantes con él. ¡Santiago y cierra España!.

El choque se alargó durísimo durante toda la mañana. Avanzaba la tarde; ninguna de las huestes cedía. De pronto, un grito unánime cubrió Monte Laturce: "¡Santiago, Santiago!". Los cristianos redoblaron las acometidas, pero la noche se acercaba agachándose como un gran raposo oscuro. Uno de los tejados se acercó al rey:

  • Señor, la batalla es nuestra; sin embargo, no vamos a extirpar la raíz del todo.
  • Lo veo, Sancho, lo veo.
  • Hay una solución, señor: invocar a la Virgen para que detenga el sol y podamos acabar lo iniciado.

Era valiente Ramiro I y montañés de mucha fe. Clavó la espada en la sagrada tierra e invocó a la Señora:

  • ¡Madre de todos nosotros: deten tu día!¡Deten tu día!.

Sobre Monte Laturce alzó sus brazos una mujer de vestido blanco; a su gesto, la gran estrella roja pugnó por velarse tras el horizonte, más no pudo. De esta manera, triunfaron plenamente los cristianos en la batalla de Clavijo.

  • ¿Qué? ¿Ha visto usted la Virgen de Tentudía?.
  • Sí, señores, la he visto.
  • Mientras usted estaba arriba hemos estado haciendo memoria. Aquel robo se descubrió el 14 de diciembre de 1912. Hubo boda y, según era tradición, los recién casados y los invitados subieron a la ermita a reverenciar a Santiago. El matrimonio se llamaba Tiburcio Orío y Norberta Ruiz; él era de Las Ruedas de Ocón y ella de aquí. El susto que se llevaron debió ser morrocotudo.

Yo he tenido la suerte de visitar Calera de León, un pueblecito badajocense situado en las estribaciones de Sierra Morena.

Cerca, a 1.104 metros de altitud, se ofrece el monasterio de Tentudía, denominado así porque en ese término se enfrentaron moros y cristianos; durante la lid, el gran maestre de la Orden de Santiago, Pelay Pérez Correa invocó a la Señora: "¡Deten tu día!". Puede venerarse a la titular de esa advocación tanto en el monasterio como en la iglesia conventual santiaguista de la villa.

Antes de ascender a la montaña, teniendo extraviado el reloj en mi mochila de peregrino, pregunté a un señor mayor:

  • Por favor, ¿qué hora es?

Me respondió apuntando el dedo índice derecho hacia el cielo del sur:

  • Cuando el sol en Tentudía, las doce del mediodía.

Y me acordé de mi padre y de Clavijo.
   

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