Ayuntamientos 2.0

El Dulzainero y el vino

(Por Félix Cariñanos. Leyendas de La Rioja. Diario La Rioja. Patrocina: Gráficas Ochoa y Caja Laboral. Logroño, 2000)   

El vino, ese tesoro líquido inventado por nuestro amado padre Noé, es asimismo padre de abundantes historias en nuestras tierras. Las consecuencias para quien se prende de él corren en boca de versos con variantes diversas:

"Eres tú, vino de Rioja,

criado en mi viñilla.

Me puse a luchar contigo;

me echaste la zancadilla.

Yo te chupo,

yo te mamo;

te subes a mi cabeza

y quieres mandar más que el amo".

Esto le ocurrió a un antiguo dulzainero de Albelda, cuna de excelentes gaiteros. Era la víspera de San Prudencio, personaje muy ligado a la localidad por el monasterio de Monte Laturce. El músico tenía que tocar la diana del santo al día siguiente.Pero también tenía que regar esa noche. Como buen hortelano, llenó la bota en la cueva, echó la albarda a Valiente –el burro que lo acompañaba por las fiestas de los pueblos- y bajó desde el Camino de Clavijo hacia el Iregua.

  • ¡Güesque, Valiente!
  • iGüeyao, Valiente!

Su huerta era la última.

  • Vas a tener que esperar hasta las tantas -le advirtió el regante anterior.
  • No importa; luego echaré una cabezadita hasta la diana y, entre tanto, le daré unos tientos a la bota.

Cuando hubo trasvasado su vino, no le hizo ascos al sobrante del convecino, de tal manera que, al disponerse a regresar al pueblo, ni se acordó de repasar las losetas que había puesto a los neverillos.

  • ¡Güeyao, Valienteee!
  • ¡Güesque, Valienteee!

Entre dos luces, el burro se detuvo ante la cueva del Camino de Clavijo, mientras el artista del amanecer tropezaba escalones abajo. La oscuridad fue manta bondadosa de su jumera.

Luego tomó la dulzaina y, en el ancho amanecer, comenzó a tocar por las estrechas calles de Albelda. No se veía un alma. Al final del pueblo se topó en una esquina con el tío Jota, morisca al hombro.

  • ¿Ande va?
  • A Bueyo, a ver si hago algo labor. ¿Y tú, so abanto?
  • Aquí, como siempre, tocar la diana del santo.
  • ¿La diana del santo? ¡Pero si san Prudencio fue ayer!

El dulzainero había dormido, a pierna suelta, un día entero y verdadero.

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